No, no estamos intentando enredar a alguien en juegos de palabras o meternos en cuestiones hasta cierto punto filosóficas. En realidad, estamos tratando de explicar algo que resulta una gran verdad, que aunque en los libros de texto no se mencione o sea tratado el punto a profundidad, a la hora de la aplicación se puede dar cuenta uno como mercadólogo.
El gran ejemplo lo da Starbucks, quien creció desmesuradamente durante sus primeros años, pero llegó un punto en el que ya no le era posible abrir nuevos establecimientos cada par de meses por una sencilla razón: se estaba acabando su mercado. Sin embargo, hay otros factores que igual lo perjudicaron como el hecho de que cambió la percepción de lugar para algunos de sus primeros consumidores.
Al principio, la gente pagaba 5 dólares o más por un simple café, algo que para muchos era demasiado dinero (sobre todo en Latinoamérica). Pero era gustado por algunos grupos selectos, pero en Starbucks llegaron a la decisión de que debían abarcar más mercado, bajaron precios y masificaron lo que los llevo a competir con cafés como los de McDonalds y otros sitios. ¿El resultado? Se volvió un café más, por tanto no tenía diferenciación y dejó de ser especial. Si se hubieran centrado en su nicho y aprovechado sus ventajas, otra sería su historia.









